La sesión en Diputados del Congreso de la Nación para debatir la reforma laboral con media sanción del Senado continúa en medio de un paro general y manifestaciones masivas en contra afuera; se estima una jornada maratónica de más de 13 horas, con el oficialismo intentando acelerar votaciones alrededor de las 10:30 PM, pero rechazado por jefes de bloques, extendiendo el debate. Fuerte operativo de fuerzas federales con vallas, cascos, tonfas y camiones de infantería contiene las protestas, restringiendo el acceso de la prensa y manifestantes, mientras se suman dos móviles del servicio penitenciario para posibles detenidos en calle Sarandí.
Entrevistas a manifestantes revelan críticas al proyecto: una paciente oncológica y oficial del servicio penitenciario bonaerense, Rosana de 44 años, denuncia que la ley perjudica a trabajadores como ella, quien trabaja desde los 14 y vende productos para sobrevivir, argumentando que los medios distorsionan la información y que todo el paquete es detrimental. Otro manifestante, Paola, critica la fórmula del gobierno por no cumplir promesas y afectar derechos laborales, mientras cortes en accesos a la ciudad incluyen requisas de mochilas por temor a bombas Molotov como en incidentes previos con palos y golpes.
Alejandro Ramallo, de Quilmes, trabajador de Cristalería Cattorini e Hnos con 14 años de antigüedad, se solidariza con gremios como SUTNA y denuncia que la reforma elimina protecciones como indemnizaciones, FAL y banco de horas, todo en detrimento del trabajador. Critica paritarias pisadas por el gobierno, índices inflacionarios manipulados del 2003 que niegan la realidad del supermercado y servicios, y el subdesarrollo del poder adquisitivo, con gremios en discusión hace dos años sin homologaciones por encima del 1%.
Los manifestantes, autoconvocados en autos sin micros, enfrentan vallados y operativos que paran vehículos, pero insisten en quedarse hasta el final del debate, tildando a los diputados de traidores a la patria por votar sin leer el proyecto, comparándolo con la precarización laboral del 2000. Se cuestiona el rol de la CGT, que convocó paro sin movilización ni escenarios, negociando por detrás con el gobierno junto a bancos para aprobar la reforma, mientras líderes sindicales como Horacio Valdés de su gremio no apoyan esa tibieza.