La cobertura en vivo desde el Congreso mantiene alta tensión con vallas militarizadas por Gendarmería, Prefectura y Policía Federal, helicóptero sobrevolando y preparación para disturbios; oficialismo asegura quórum con 129 diputados, resolviendo estructura de sesión por mayoría simple para evitar votación artículo por artículo, avanzando en debate maratónico pese a oposición dilatoria. Movilización suma 25.000 personas total (20.000 lado Gendarmería, 5.000 lado Policía Federal), pero ahora se reduce a un grupito efervescente de no más de 500 personas sin bandería política ni sindicatos, que arrojan botellas con hielo y piedras, intentando derribar el vallado reforzado entre Rivadavia, Hipólito y Yrigoyen.
El uso progresivo de la fuerza incluye camión hidrante y gas pimienta, obligando a los manifestantes a retroceder 100 metros por Avenida Rivadavia hasta Rodríguez Peña; cronistas como Marcelo Jarrito y Cristian Balbo afectados por el gas, con máscaras y gafas, reportando que no queda un solo manifestante en la línea de frente, mientras la Policía Federal motorizada se posiciona para avanzar y rotan fuerzas para evitar lo de la semana pasada con bombas Molotov y heridos en seguridad. CGT celebra 90% de acatamiento en conferencia, pero es pólvora mojada: plazas vacías, fracaso en movilización salvo extorsión en transporte, y mala imagen para gremios que viven en Narnia convencidos de un poder inexistente.
Apoyo clave al quórum de peronistas como Marcelo Rego de San Juan (2 diputados), Jalil y Jaldo de Tucumán y Catamarca (3 cada uno), Misiones (4), Río Negro, Neuquén, Salta (3) con Gustavo Sáenz sinuoso, y Santa Cruz; aliados como PRO y radicalismo, con influencia de Martín Menem, Santiago Caputo y Diego Santilli. Interior del Congreso con kirchneristas intentando desenchufar cables para pudrir la sesión, pero oficialismo avanza; afuera, grupito de delincuentes de izquierda genera incidentes para volumen político, pero retroceden ante advertencia clara del Ministerio de Seguridad de Patricia Bullrich, priorizando prevención con gases lacrimógenos no letales.
Perímetro de 200 metros cerrado alrededor del Palacio Legislativo, plaza liberada sin protocolo antipiquete para circulación pacífica, pero el grueso de 3.000 personas canta y grita sin violencia, mientras el minúsculo grupo revoltoso busca confrontación; manifestantes devuelven cápsulas de gas al otro lado del vallado, pero fuerzas federales y Policía de la Ciudad mantienen control, moviendo móviles de TV por seguridad. Esto muestra impotencia opositora: CGT ausente, movilización fallida, y foco en disturbios que benefician a los que quieren primera plana, pero quórum asegurado impulsa la reforma laboral pese a la efervescencia callejera.