En Avenida Avellaneda al 3500 de Victoria, la corresponsal Romy recorre los locales durante el paro nacional, encontrando una mezcla de comercios abiertos y cerrados. En una panadería, el dueño confirma que abrió porque sus empleados no llegaron, pero uno que vive cerca vino caminando. "No me empleo acá. Ah, ¿y pudo llegar? ¿Le pusieron un auto particular? Sí, de acá cerquita." El movimiento es tranquilo, con menos ventas que un día normal, pero algo de gente comprando.
El dueño de la panadería no adhiere al paro, argumentando que "No se logra nada con esto. Es destrozo nada más." Otros locales como repuestos para motos atienden por la ventana con persiana a medias, mientras varios permanecen cerrados. La zona muestra el impacto del paro en los barrios, donde los empleados viven cerca y optan por caminar o usar vehículos particulares ante la falta de transporte público.
En un kiosco, una mujer cuenta que va caminando al trabajo con su madre de 82 años, cubriendo varias cuadras porque la línea 371 está de paro. "Hoy decidís abrir, ¿no? Sí, porque no, no. Si no, tengo que trabajar, si no, no puedo pagar las cosas y, bueno, no se cumplí con los clientes." El tránsito vehicular es intenso con autos y motos de aplicación compensando la ausencia de colectivos, especialmente de empresas como DOTA.