Los cormoranes imperiales forman grandes colonias en espacios elevados sobre la costa para protección y reproducción. En Comodoro Rivadavia, una colonia establecida hace más de 30 años se ubica en un espigón del puerto, a solo 500 metros del centro urbano, beneficiándose del acceso restringido que les brinda tranquilidad.
Estas aves marinas, expertas en buceo gracias a sus cuerpos estilizados, comparten el espacio con cormoranes roqueros, gaviotas grises, palomas antárticas y gaviotas cocineras. En el espacio reducido, surgen conflictos como el robo de materiales para nidos, como algas, pero se adaptan utilizando residuos urbanos traídos por el viento, incluyendo plásticos y hilos.
La ciudad provee recursos para la construcción de nidos, convirtiéndose en aliada en lugar de amenaza. Sin embargo, enfrentan disturbios mínimos, contaminación urbana y predación de huevos por gaviotas cocineras, que abundan en áreas urbanas.
Esta adaptación destaca cómo la fauna aprovecha modificaciones humanas para sobrevivir en entornos alterados.