En las calles de Barracas, Nacho Otero recorre el barrio durante el paro general, destacando que el movimiento es similar a un día normal gracias a que muchos comerciantes viven cerca y no dependen del transporte público paralizado. Algunos locales como farmacias de cadena permanecen cerrados, mientras que pequeños comercios están abiertos, aunque con grupos electrógenos por cortes de electricidad. La recolección de residuos no se realiza, dejando tachos llenos pero no desbordados, y el ambiente se mantiene tranquilo sin incidentes notables.
Entrevistas a transeúntes y trabajadores revelan el impacto directo: una empleada de comercio llega caminando y reporta ventas 'paradísimas', con cero movimiento hoy. Otro comerciante critica la reforma laboral como 'totalmente injusta', exigiendo una legislación estudiada para un país con más de 60 años de injusticias. Una señora gráfica adhiere al paro y movilización, argumentando que la CGT debería haber convocado más acciones contra la ley que amenaza el derecho a huelga de los trabajadores.
En comercios de indumentaria femenina, las ventas son nulas, agravadas por la competencia de compras online y marcas caras que sufren con la crisis económica. Los dueños y empleados remarcan la quietud, con menos clientela que aprovecha el feriado extendido para vacaciones o adhesión al paro. El reporte subraya cómo los barrios como Barracas actúan como termómetro del paro, con mezcla de apertura y cierre que refleja la realidad cotidiana afectada por la falta de colectivos y trenes.
Desde el estudio, se integra esta visión callejera al análisis general del paro, donde el gobierno lo califica de 'extorsivo' impidiendo el trabajo, mientras sindicatos celebran alto acatamiento. La pérdida económica se estima en 500-600 millones de dólares por día no productivo, impactando desde PYMEs hasta empleados públicos con descuentos. La sesión en Congreso avanza con quórum para aprobar la reforma laboral en general y particular, pese a protestas en Plaza de Mayo.