En un golpe brutal al corazón de la industria argentina, la fábrica FATE de San Fernando cerró sus puertas dejando a 920 trabajadores en la calle, muchos de los cuales se enteraron al llegar a su turno. Los empleados, con décadas de sacrificio a cuestas, expresan bronca y angustia: "Nos rompimos todo el lomo acá. ¿Por qué? ¿Por esto?", mientras la policía reprime con balas de goma y detiene al secretario general del sindicato. Este cierre, que la gerencia intentó desmentir previamente, es visto como la punta del iceberg de un industricidio impulsado por las políticas de Milei.
El paro productivo lleva desde fin de año, y los trabajadores temen un cierre definitivo orquestado por la familia Madanes para reabrir con convenios destrozados, salarios bajos y condiciones precarias, todo enmarcado en la reforma laboral que da carta blanca a los empresarios. En el sector de neumáticos se perdieron 1.200 empleos en un año, un 30% del total, fomentado por la importación indiscriminada que desfinancia la mano de obra nacional. Voces en el programa alertan: "Esto se viene para otros trabajadores, para otras ramas productivas", llamando a la unidad y la lucha.
La conflictividad laboral explotó desde las elecciones, con 42 casos por mes contra 24 anteriores, sumando 110 conflictos hasta febrero de 2026. Mientras el gobierno ignora el drama –sin intervención del ministro de Trabajo como en casos pasados bajo Cristina con General Motors–, los números son demoledores: un puesto de trabajo destruido cada 4 minutos, 412 despidos diarios incluyendo casas particulares, y 21.000 empresas menos registradas en ART desde noviembre 2023. Sectores como energía y minería perdieron 190 puestos, financiero casi 9.000, mientras el agro ganó 8.000 pero no compensa la catástrofe general.
Este cierre llega a un día de la votación de la reforma laboral, con empresarios aprovechando la "sala ancha" para liquidar industrias. 2.500 laburantes dependen directa e indirectamente de FATE, una tragedia que pinta el modelo de Milei: desocupación rampante, desindustrialización y un futuro sombrío donde "nada es competitivo". El programa denuncia que cuando las empresas colapsan, el gobierno las tilda de enemigas, pero el problema radica en políticas que priorizan importaciones y ajustes salvajes.