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CGT impulsa paro general contra reforma laboral con cierre de FATE y caos en transporte alternativo

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El paro general convocado por la CGT en contra del proyecto de reforma impulsado por el Ejecutivo se hace sentir en todo el país, especialmente por la paralización del transporte público. En Buenos Aires, la adhesión de la UTA a la medida de fuerza pese a la conciliación obligatoria dictada por el gobierno genera ausencia masiva de colectivos, trenes y subtes, obligando a los trabajadores a buscar alternativas como taxis, apps de movilidad o bicicletas. En Liniers, el reportero José Fulgoño reporta el impacto en la movilidad, con pasajeros esperando en vano por líneas como el 182, 153, 163 y 136.

Los transportes alternativos surgen como solución improvisada: autos particulares cargan pasajeros por tarifas compartidas, recreando la génesis histórica del colectivo argentino, con choferes juntando hasta cuatro personas para viajes fijos. Un pasajero menciona que una app cobra 35.000 pesos desde la estación hasta Merlo, más 25 cuadras adicionales, haciendo inviable el costo, mientras colectivos alternativos ofrecen el trayecto por 3.000 a 5.000 pesos, como uno desde Ituzaingó a Liniers por 5.000 o de Liniers a Merlo por 3.000.

La situación se agrava por el fin de mes y la presión laboral: trabajadores deben llegar para evitar descuentos por presentismo, con empresas promoviendo home office donde posible, pero muchas exigen presencialidad. Empresarios de colectivos advierten sanciones a choferes por no cumplir servicios, despejando responsabilidad sindical. Taxistas y colectiveros extienden jornadas, manejando 12 horas en colectivo y luego como remiseros o en apps para compensar salarios atrasados.

En el Congreso, vallas ya se instalan ante movilizaciones de gremios como ATE, que adhiere al paro y marcha, aunque el gobierno anuncia descuentos del día a estatales ausentes. La hora pico en Liniers muestra filas largas, más autos particulares, taxis propietarios y combis alternativas con carteles hechos a mano, adaptándose a un acatamiento parcial influido por décadas de paros desde Alfonsín, donde los trabajadores priorizan el empleo sobre la adhesión total.