En el centro porteño, el paro general deja calles semivacías con bancos y oficinas cerradas, persianas bajas en Esmeralda y Sarmiento, y movimiento mínimo: solo algún ciclista o auto aislado. Algunos restaurantes, comidas rápidas, kioscos y cafecitos abren tardíamente, pero dependen de oficinistas que no llegan por falta de transporte.
Entrevistas revelan el impacto: un dueño de local de iluminación reporta 50% menos ventas, llegó en auto particular aprovechando el tránsito fluido y usa el día para otras tareas. En un kiosco cercano, las ventas cayeron 80% porque dependen de oficinas y bancos, que están cerrados; abrieron temprano pero sin clientes hasta ahora, y caminan desde cerca sin necesidad de colectivos.
El panorama general muestra la city funcionando al 30% de lo habitual, con pocas boutiques abiertas y ventas reducidas. La mayoría de negocios nutren de trabajadores de oficinas, por lo que el paro extorsivo corta el flujo diario, dejando la zona desierta pese a que algunos optan por abrir para no perder el día entero.
La ira se nota en reacciones: una persona rechazó ser filmada con insultos, destacando la tensión en la calle durante esta jornada de protesta.