Las tropas rusas se entrenan en Bielorrusia, modernizando la infraestructura militar conjunta, con despliegue de armas nucleares y construcción de sistemas como el misil Oresnik, creando amenazas directas para Ucrania, Polonia, países bálticos y Europa en general, acortando tiempos de alerta y aumentando riesgos de escalada.
El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky señaló que sin la ayuda bielorrusa, los ataques rusos contra infraestructura energética y ferroviaria en el norte de Ucrania habrían sido menores. La sociedad bielorrusa se opone abrumadoramente a la guerra, y la lealtad del ejército no está garantizada, lo que Lukashenko evita para no desestabilizar su régimen.
Moscú presionará a Minsk, ya que Bielorrusia es un eslabón débil en la arquitectura rusa; una Bielorrusia democrática eliminaría una posición militar clave en el flanco occidental ruso. La dimensión bielorrusa debe integrarse en debates sobre seguridad europea y fin de la guerra.
Ucrania impone nuevas sanciones contra Alexander Lukashenko por ayudar a Rusia en la guerra. Esto sigue a la flexibilización de sanciones de EEUU y la unión de Bielorrusia a la controvertida Junta de la Paz.