Las aves rapaces como los gavilanes cenicientos exhiben comportamientos de cortejo y alimentación en la colonia de médanos entre San Antonio Oeste y Las Grutas, en el Área Natural Protegida Bahía de San Antonio. El macho vuela y entrega alimento a la hembra en pleno vuelo, demostrando una interacción fascinante que resalta su adaptación para cazar y reproducirse en este entorno costero. Además, se observan chimangos en la misma área, concentrando una biodiversidad notable en un rectángulo de apenas 100 metros.
Los humanos afectan estos ecosistemas mediante contaminación de ciudades e industrias, impactando presas y aves playeras directamente. La circulación de vehículos en playas genera disturbios masivos, impidiendo el descanso necesario de las aves que eligen sitios específicos por seguridad y temperatura, no por vastedad aparente. Esto provoca estrés, gasto energético en vuelos triviales y reduce la capacidad de migración, ya que estas aves recorren miles de kilómetros sin escalas, como 10.000 km hasta el sur de EE.UU., requiriendo comida de calidad y reposo para acumular energía.
Durante marea alta, vehículos invaden zonas de descanso, forzando vuelos innecesarios en el único momento diario disponible, ya que se alimentan en mareas bajas. Esto puede retrasar la migración, reduciendo la masa corporal y compitiendo por alimento escaso. El playero rojizo, que viaja de Tierra del Fuego al Ártico, declinó un 40% alrededor del 2000, de 60.000 individuos, ligado a la sobrepesca del cangrejo herradura, principal presa, causando disminución en números de playeros.
En 1995, biólogos anillaron B95 en este sitio, convirtiéndolo en celebridad global por recorrer distancias equivalentes a Tierra-Luna en migraciones anuales del Ártico Canadiense a Tierra del Fuego, apodado Moonbird, el ave de la Luna. Tiene fans mundiales rastreando su aparición, simbolizando esperanza en conservación. La observación de aves en Golfo San Matías atrae turismo respetuoso, concientizando sobre protección, incluyendo vida subacuática.
El hundimiento intencional del barco pesquero Don Félix creó un arrecife artificial cerca de la costa, atrayendo turistas al fondo marino. Como símbolo de la pesca en San Antonio, ahora colonizado por mejillones, anémonas y peces, ofrece corrientes nutrientadas y un paisaje dinámico que cambia con flora y fauna creciente. Operadores de buceo destacan su atractivo para visitantes y científicos, fomentando experiencias maravillosas donde peces interactúan curiosamente, contribuyendo a datos valiosos para biólogos sobre el mundo submarino.