El segmento inicia con fragmentos apasionados de una canción romántica: "Cuando vi que te marchaba yo. Y otra vez besó tus labios que me embriagan y...", evocando emociones intensas y besos embriagadores.
Continúa la letra cargada de drama y pasión: "Nunca imaginaste ni creíste que algo de esto pasaría, que un amor prohibido de refer a tu vida llegaría, que no es posible tanta pasión, colocarte el corazón en las caricias." Se describe un romance imposible lleno de noches de deseo y un eterno amor que trasciende barreras.
La emoción escala con el locutor exaltando a Abel como el juglar del nuevo siglo, reconsagrándose en la plaza Róspero Molina que le pertenece por tantos años: "¡Abel, siempre Abel!". La multitud es invitada a aplaudir y recibir el regalo de una canción más, intensificando el ambiente festivo y apasionado.
El performance prosigue con letras declarativas y sensuales: "Te declaras dueña de mis sueños. Vas a ver, vas a oír mi carne. Te declaro siempre.", profundizando en la entrega total del amor y la posesión emocional en este concierto en vivo cargado de intensidad.