En Merlo, un grupo de vecinos, hartos de los robos reiterados, expulsó a empujones y piedrazos a un clan de delincuentes que había usurpado una vivienda abandonada y la usaba como base para ilícitos. La propiedad, convertida en guarida para motos robadas y otros delitos, fue recuperada tras un enfrentamiento que incluyó el incendio de parte de la casa y quema de objetos en la calle. La policía intervino para contener la situación, destacando la frustración comunitaria ante la inacción previa.
El detonante fue un asalto a un delivery que entregaba un pedido a los mismos usurpadores, lo que unió a los residentes en una acción colectiva. El dueño de la casa expresó gratitud a los vecinos, la policía y la municipalidad, lamentando los daños pero celebrando la recuperación del predio. Este incidente refleja la creciente autogestión vecinal en barrios vulnerables ante la delincuencia organizada.
Similar a casos previos en Claypole, donde vecinos defendieron una casa de un médico fallecido, esta expulsión subraya la necesidad de mayor presencia estatal en la prevención de usurpaciones. Las autoridades ahora investigan los ilícitos cometidos desde la vivienda, buscando justicia para las víctimas locales.