En las calles de Constitución, cientos de trabajadores expresan su frustración ante el paro general convocado por la CGT, que paralizará trenes, colectivos y subtes desde esta medianoche. Cocineros, albañiles y empleados gastronómicos coinciden en que la medida los perjudica directamente, obligándolos a buscar alternativas costosas como remises o Ubers para no perder un día de ingresos vitales. 'Laburo de lunes a lunes y no puedo permitirme un franco extra', relata un cocinero, destacando cómo el descuento por inasistencia duele más que cualquier reclamo sindical.
Muchos sienten que quedan atrapados entre el gobierno y los gremios: 'Los sindicalistas por un lado, el gobierno por el otro, y nosotros en el medio', dice un albañil de Glew que gana entre 30.000 y 40.000 pesos diarios en changas. El presentismo y los bonos se evaporan con el corte de servicios, en un contexto donde la economía familiar no da tregua. Aunque algunos jubilados apoyan la protesta, la mayoría de los entrevistados –desde constructores hasta vendedores– rechazan la adhesión, argumentando que el paro no resuelve problemas y solo agrava la supervivencia diaria.
Esta voz de la calle revela la desconexión entre dirigencias sindicales y la realidad del laburante promedio, que prioriza el sustento sobre ideologías. Con el último tren saliendo a las 22 horas, la corrida por el transporte subraya la urgencia: en una Argentina de fin de mes ajustado, un día sin laburo equivale a días sin comida.
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Trabajadores rechazan el paro: 'Quedamos en el medio'
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