Más de 900 familias en Buenos Aires se ven afectadas por el cierre de la fábrica FATE, una emblemática empresa con 80 años de historia en la producción de neumáticos. Los trabajadores, muchos con décadas de servicio, relatan cómo los despidos los dejan en una situación de precariedad extrema, con deudas acumuladas por la falta de aumentos salariales y el alza en los costos de vida. Uno de los empleados, padre de familia, confiesa que su hogar de cuatro integrantes depende ahora de tarjetas de crédito para cubrir gastos básicos como educación y servicios públicos, que han aumentado drásticamente.
La indignación crece entre los afectados, quienes destacan que la empresa no estaba en quiebra total, sino que operaba con producción reducida debido a la competencia de importaciones baratas, especialmente de China. Testimonios revelan que compañeros tercerizados, que realizaban las mismas tareas pero cobraban la mitad o un tercio del salario, también fueron despedidos, exacerbando las desigualdades laborales. Los obreros insisten en que esta crisis no es solo económica, sino un ataque sistemático a los derechos adquiridos, con más de 130 despidos previos en el último año y medio.
Ante la conciliación obligatoria impuesta por el Ministerio de Trabajo, los empleados se muestran dispuestos a luchar por sus puestos, ocupando la planta y rechazando el cierre definitivo. Exigen intervención estatal para evitar la desindustrialización y protecciones para sectores vulnerables, subrayando que el dueño de FATE, vinculado a otros negocios prósperos como Aluar, no enfrenta una crisis personal sino una estrategia para maximizar ganancias a costa de los trabajadores.
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Trabajadores de FATE denuncian el impacto devastador de los despidos masivos en sus vidas
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