La situación en la planta de FATE en Virreyes, San Fernando, se ha vuelto crítica con el cierre definitivo de la fábrica, dejando en la calle a más de 900 trabajadores. Los empleados, junto a dirigentes sindicales, han forzado el ingreso rompiendo alambrados y superando medidas de seguridad, en un intento por resguardar sus fuentes de trabajo. La policía bonaerense observa desde la distancia, sin intervenir directamente, mientras se reportan incidentes menores como lanzamiento de botellas con agua y el sonido de bombos que avivan el ambiente de protesta.
El conflicto surge en medio de una crisis económica que afecta al sector industrial, con la empresa citando la competencia desleal de importaciones chinas como factor principal para su quiebra. Los trabajadores, apoyados por organizaciones de izquierda, exigen la reapertura inmediata y cuestionan la legalidad del cierre, alegando promesas incumplidas por parte de la compañía. La presencia de banderas de gremios como el SUTNA y el Frente de Izquierda marca una escalada en la movilización, con temores de que la protesta se extienda a cortes en accesos clave como la Panamericana.
Autoridades laborales han convocado audiencias exploratorias para mediar, pero la intransigencia previa del gremio y la empresa genera escepticismo sobre un posible acuerdo. Este cierre no es aislado: refleja una ola de despidos que ha impactado a miles en el país, profundizando la desigualdad y el desempleo en un contexto de recesión. La defensa de los puestos de trabajo se convierte en un símbolo de resistencia contra políticas que, según los manifestantes, favorecen a grandes capitales a expensas de la clase obrera.
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Tensión en la fábrica FATE: Trabajadores irrumpen en la planta ante el cierre
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