Los trabajadores de la fábrica de neumáticos FATE en San Fernando mantienen su ocupación pacífica del predio ante el cierre abrupto de la planta, que deja a 920 empleados sin trabajo. Entrevistados en el lugar, empleados como Guillermo, con 20 años de antigüedad, y Adrián, con 15 años en el sector de reprocesos, expresan su angustia por ser el único ingreso familiar y los riesgos de salud laboral inherentes al proceso productivo, como hernias y tendinitis. Denuncian que la empresa, propiedad de la familia Madanes, prioriza su fortuna sobre el sustento de mil familias, en un contexto de importaciones chinas que asfixian la industria nacional.
La justicia ha ordenado el desalojo inmediato del predio, basado en una denuncia de la empresa por intrusión y daños, citando riesgos como productos inflamables y testimonios de personal de seguridad privada. Aunque la conciliación obligatoria del Ministerio de Capital Humano exige la reapertura, la compañía insiste en que las indemnizaciones están disponibles y no planea retomar operaciones. El líder sindical Crespo rechaza cualquier represión, subrayando la legalidad de su presencia para verificar el cumplimiento judicial, mientras la policía provincial, incluyendo infantería y unidades especiales, se despliega en el sitio para negociar sin violencia.
Este cierre emblemático, en una fábrica con 80 años de historia, refleja la crisis industrial argentina, agravada por políticas económicas que favorecen importaciones y generan despidos masivos. Casos similares en empresas como Mondelez e ILVA destacan la implosión de sectores clave como el comercio y la construcción. Los trabajadores exigen respuestas del gobierno nacional, que hasta ahora guarda silencio ante un conflicto que no surge de negociaciones salariales, sino de decisiones corporativas irreversibles.
La situación genera alta tensión, con unos 80 ocupantes dentro del predio y cientos en los alrededores, pero se espera una resolución pacífica que priorice el diálogo. El impacto social es devastador, afectando no solo a los directos involucrados, sino a comunidades enteras en un país donde el costo de vida no cesa de aumentar.