La planta de FATE en Buenos Aires enfrenta un cierre definitivo que deja a 900 trabajadores en la calle, mientras los empleados mantienen una protesta pacífica pero firme. La empresa ha vendido dos hectáreas por 27 millones de dólares para cubrir indemnizaciones, lo que indica que no hay vuelta atrás tras tres años de procedimientos de crisis. Los operarios exigen el cumplimiento de la conciliación obligatoria que pospone el cierre por 15 días, en medio de un bloqueo vial y presencia policial.
El predio, valorado en 90 millones de dólares, podría generar ganancias significativas para la empresa al venderlo, dejando 63 millones después de las indemnizaciones. Históricamente, la fábrica ha sido tomada múltiples veces desde 2010, con picos en 2014 y 2024, reflejando un conflicto crónico agravado por la apertura de importaciones. Los trabajadores, que laboraron incluso en feriados, se sienten traicionados por el despido masivo.
Este caso ejemplifica la vulnerabilidad de la industria argentina, donde dueños como Maderes Quintanilla, con fortunas de 1500 millones de dólares, priorizan ventas sobre operaciones. La situación genera preocupación por un efecto dominó en otras fábricas, destacando la necesidad de políticas que protejan el empleo sin frenar la competitividad.
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Tensa vigilia en FATE se intensifica con cierre inminente
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