En la planta de FATE, ubicada en la calle Blanco Encalada, se vive una situación de tensa calma mientras un grupo de trabajadores permanece adentro de las instalaciones. El tránsito está completamente cortado en la zona, y organizaciones de izquierda mantienen presencia desde la tarde. A pesar de un fuerte operativo policial, no se ha ejecutado la orden de desalojo, y los empleados insisten en que no se retirarán voluntariamente. El turno nocturno está programado para las 10 de la noche, pero la planta permanece cerrada, con alambrados rotos y signos evidentes de protesta, como neumáticos quemados en la entrada.
Los trabajadores se enteraron del cierre a través de una lona improvisada colocada por la empresa, que anuncia el cierre de puertas por 'distintos motivos'. Varios han recibido telegramas de despido, confirmando el fin de sus contratos. Esta medida llega en medio de reparaciones anuales que pararon toda la producción, obligando a vacaciones colectivas, una práctica inusual que rompió con conquistas previas como las vacaciones fraccionadas. La empresa, que pasó de 2000 a 920 empleados en años recientes, enfrenta acusaciones de no acatar conciliaciones obligatorias y de actuar en rebeldía contra los derechos laborales.
La protesta refleja una profunda amargura entre los obreros, que ven en FATE no solo un empleo, sino un sustento familiar de décadas. Entrevistados expresan frustración por despidos masivos previos, retiros 'voluntarios' forzados y la ausencia de directivos en la fábrica. Mientras tanto, la producción de neumáticos, clave para la industria automotriz, se ha visto mermada sin justificaciones claras, dejando a cientos en incertidumbre económica en un contexto de crisis sectorial.
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Tensa calma en la fábrica FATE ante el cierre indefinido
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