Paul Thomas Anderson regresa con una obra maestra que nos dejó boquiabiertos hace 25 años, como Boogie Nights, y ahora con Una batalla detrás de otra, una montaña rusa emocional protagonizada por Leonardo DiCaprio, su hija interpretada por Tiana Taylor, Benicio del Toro como un sensei de Tai Chi Yoga, y Sean Penn como un represor militar. La película explora ideales sangrantes en América, represión, fracasos personales y el amor padre-hija, con escenas de violencia e idealismo que te secuestran el alma, durando casi tres horas de puro sube y baja.
Esta joya está arrasando en todos los premios previos y es la favorita para mejor película y director, con guión adaptado de una novela de Thomas Pynchon. DiCaprio brilla como nunca, y el elenco es glorioso, mostrando compasión por vidas rotas. No spoileo más, pero véanla ya en plataformas como Prime Video, es fuerte, trascendente y generacional.
En la contienda, le pisa los talones Sinners, de Ryan Coogler, con Michael B. Jordan en doble rol de hermanos vampiros, fusionando música blues, gospel, rock y pop en una historia de tradiciones, mitología y acción. Recaudó masivo en EE.UU. por su cultura negra, pero menos global, destacando que el talento trasciende colores. Es original, ganará música y actor, una sorpresa memorable que mezcla géneros a la perfección.
Tercera en la lista, Marty Supreme con Timothée Chalamet como un vivillo carismático en el mundo del ping-pong, convirtiendo un deporte niche en un thriller apasionante de dos horas y media. Chalamet es un milagro, haciendo que ames a este manipulador y quieras que triunfe, gane la chica y cambie de vida. Es una revelación, vista en cine, y para mí, la mejor del año junto a la de DiCaprio, con puntuaciones de 9.50 y 9.30.