La reforma laboral propone un fondo de garantía para indemnizaciones futuras, reduciendo contribuciones patronales entre 1% y 3% que actualmente van a ANSES, generando un desfinanciamiento potencial del sistema previsional. Expertos explican que las jubilaciones se fondean principalmente por aportes patronales, impuestos específicos y subsidios del Tesoro, cubriendo solo el 80% con los primeros dos ítems en 2025. Sin compensación clara, este cambio podría elevar la carga fiscal, exigiendo más aportes estatales para mantener pagos actuales.
Los jubilados actuales no verán reducciones directas en haberes ni modificaciones en el cálculo de movilidad, que requiere ley específica ausente por ahora. Sin embargo, el déficit en ANSES, ya del 20%, podría agravarse, afectando la sostenibilidad a largo plazo en un país con baja relación activos-jubilados (1,5 por 1). La reforma busca fomentar empleo formal para aumentar aportes, pero su efectividad es incierta, priorizando colchones para empresas en despidos.
Gobiernos anteriores han cubierto déficits vía Tesoro, y este escenario repetiría el patrón sin reformas estructurales anunciadas, como cambios impositivos o previsionales. Mientras, la ley de discapacidad exige fuentes de financiamiento claras; similar escrutinio aplica aquí. Jubilados deben tranquilizarse por pagos inalterados, pero el toque a la caja previsional resalta la fragilidad del sistema ante ajustes laborales sin planificación integral.
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Reforma laboral y jubilaciones: ¿Impacto en los fondos de ANSES?
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