En medio del debate sobre la reforma laboral, la oposición sugiere reducir a la mitad el impuesto a los créditos y débitos, conocido como impuesto al cheque, como alternativa al recorte de aportes patronales propuesto por el gobierno. Esta medida aliviaría la carga fiscal sin afectar la seguridad social, beneficiando a empresas, trabajadores autónomos y hasta al empleo informal.
El impuesto al cheque, el más universal después del IVA, impacta a personas físicas y jurídicas por su base amplia y crecimiento exponencial con la rotación de ventas. Su reducción compensaría la eliminación de la baja en Ganancias, que no era oportuna ya que solo favorecía a sectores con ganancias contables recientes, y evitaría presionar las provincias mediante la masa coparticipable.
Esta propuesta busca equilibrar el alivio fiscal para todos los tipos de empleo: formal, autónomo y no registrado, que también pagan débitos y créditos vía sistema bancario. Critica la resistencia oficialista, argumentando que no debe priorizarse la no coparticipabilidad sobre el impacto en la economía real, promoviendo una modernización inclusiva.