En un movimiento estratégico que podría inclinar la balanza en el Congreso, se reporta una conversación entre la Casa Rosada y el gobierno de Córdoba, liderado por Martín Llaryora, para asegurar el apoyo de dos diputados en la sesión sobre la reforma laboral. Esta negociación busca mitigar la ausencia de figuras como Juan Schiaretti, quien por motivos prácticos no participaría mañana, reduciendo así el conteo de votos en contra del proyecto conocido como FAL.
El impacto de este arreglo se percibe como una ayuda indirecta al oficialismo, facilitando la aprobación de la ley que incluye modificaciones profundas en el ámbito laboral. Críticos destacan que esta maniobra resalta las complejidades políticas en torno a una norma que elimina estatutos protectores, como el del periodista, y altera drásticamente los derechos de los trabajadores en un contexto de tensiones sindicales y protestas crecientes.
La situación subraya la fragilidad de las alianzas en el Congreso, donde cada voto cuenta para avanzar en una agenda que promete flexibilizar el mercado laboral pero genera divisiones profundas entre bloques opositores y oficialistas.