Las negociaciones entre Rusia y Ucrania en Ginebra concluyeron sin avances significativos tras dos días de diálogos tensos, centrados exclusivamente en disputas territoriales. El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky denunció el fracaso de las conversaciones, destacando la intransigencia rusa en ceder territorios ocupados y su demanda de control total sobre regiones como Donetsk y el Donbass. Zelensky criticó la falta de presión equivalente sobre Moscú y enfatizó que Ucrania no cederá ni un milímetro de su soberanía.
En paralelo, surgió controversia por el uso ruso de drones y misiles con componentes críticos de países occidentales como Estados Unidos, Japón y Europa, incluyendo los Iskander-M y KH-101. Zelensky exigió cortar estos suministros indirectos para debilitar la capacidad bélica rusa, mientras recibe ayuda militar de aliados como Reino Unido, Noruega y otros, aunque califica los 584 millones de dólares como insuficientes frente a sus necesidades de 15 mil millones. Además, Estados Unidos se compromete a modernizar la central nuclear de Zaporizhia bajo una administración tripartita para prevenir un desastre como Chernóbil.
Ucrania impuso sanciones a Bielorrusia por su apoyo a Rusia, con la líder opositora Sviatlana Tsikhanouskaya alertando sobre la influencia de Minsk en la guerra y abogando por su inclusión en discusiones de seguridad europea. Rusia amenazó a Japón por su ayuda a Kiev, considerándolo un objetivo legítimo, mientras Hungría y Eslovaquia suspendieron envíos de diésel a Ucrania en represalia por el cierre del oleoducto Druzhba. Zelensky enfrenta una fecha límite impuesta por Donald Trump para elecciones en mayo o junio, intensificando la presión sobre el futuro del conflicto.