Subir a la escalerita del teatro genera una satisfacción enorme gracias al murmullo del público, un ritual que evoca la emoción de expresarse a través de personajes y obras con amigos.
Los nervios persisten incluso en funciones iniciales, donde inseguridades resurgen antes del estreno, manteniendo viva la pasión por el escenario como en los comienzos de la carrera.
Esta adrenalina previa al show transforma la ansiedad en motivación, recordando por qué el teatro sigue siendo un principio emocionante en cada proyecto artístico.