El paro general convocado por la CGT representa una pérdida significativa para la economía argentina, estimada entre 400 y 600 millones de dólares en actividad diaria, según cálculos de expertos. Esta cifra incluye el impacto del cese de servicios de transporte público, como colectivos y trenes, que amplifican las consecuencias al limitar la movilidad de los trabajadores. Sin la paralización del transporte, la pérdida se reduciría drásticamente a unos 150 millones de dólares, destacando la presión gubernamental para evitar este tipo de medidas que restringen la libertad individual de quienes desean trabajar.
En contextos de alta informalidad, como la construcción e industrias similares, muchos empleados optan por presentarse a sus puestos a pesar de las dificultades, ya que enfrentan descuentos salariales directos. Los paros anteriores contra el gobierno de Milei han acumulado pérdidas cercanas a los 2.000 millones de dólares desde el inicio de su gestión, con cifras específicas como 544 millones en mayo de 2024, 505 en octubre del mismo año y 535 en abril de 2025. El paro de febrero de 2026, en un mes de actividad históricamente baja, se proyecta en 489 millones, subrayando el costo acumulado de estas protestas sindicales.
Este escenario se entrelaza con la crisis en la planta de Fate, donde el cierre y desalojo judicial agravan las tensiones. Fuentes cercanas indican que la decisión de cierre no fue coordinada con el anuncio del paro, tomada a principios de mes por motivos operativos como el feriado de carnaval. Sin embargo, el mantenimiento realizado recientemente en la fábrica genera interrogantes, ya que implica inversiones inexplicables para una empresa en quiebra, afectando a más de 900 familias y un ecosistema productivo entero en medio de una década de pérdidas por restricciones económicas y caída del consumo.
La presencia de líderes sindicales como José Luis Lingeri en eventos clave resalta las negociaciones que excluyeron ciertos descuentos en obras sociales del proyecto de reforma laboral, a pesar de la dureza del paro que incluye transporte. Esta dinámica revela las complejidades de un conflicto que combina demandas laborales con impactos macroeconómicos profundos.