En las calles de Buenos Aires, el debate sobre el cambio climático genera respuestas variadas y a veces inesperadas entre los transeúntes. Una movilera consultó opiniones sobre las lluvias intensas y el impacto ambiental, recibiendo desde indiferencia hasta reacciones airadas que reflejan la desconexión o frustración cotidiana con el tema.
Algunos evadieron la pregunta alegando falta de expertise, mientras otros respondieron con crudeza, priorizando preocupaciones personales sobre el calentamiento global. Estas interacciones destacan la necesidad de mayor educación ambiental para transformar la apatía en acción colectiva.
El informe revela un panorama donde el clima extremo se siente en la piel, pero no siempre en la conciencia, urgiendo a una reflexión societal sobre sostenibilidad y responsabilidad compartida.