El Ramadán, cuarto pilar del Islam, se vive en Argentina con un ayuno diario desde el alba hasta el ocaso, abarcando 29 o 30 días según el calendario lunar. En la ciudad de Buenos Aires, los musulmanes comienzan el ayuno a las 5 de la mañana y lo rompen a las 8 de la noche, absteniéndose de comida, bebida y relaciones maritales durante el día. Esta práctica no solo es un acto de adoración, sino también un beneficio para la salud, permitiendo un respiro al aparato digestivo, similar al ayuno intermitente pero más estricto al excluir líquidos.
En la Mezquita Al-Salam, la más antigua de la capital ubicada en San Cristóbal, se realizan cinco oraciones diarias, con un llamado público que invita a la comunidad. Los fieles deben ingresar descalzos y realizar la ablución para mantener la pureza, una costumbre que contribuyó a menores contagios de COVID en países islámicos. Aunque en Argentina se mantiene la rutina laboral, en naciones de mayoría musulmana como Turquía, el ritmo social se adapta, con comercios abriendo más tarde y actividades nocturnas intensas.
Para el sahur, la comida pre-ayuno alrededor de las 4:30 a.m., se consumen alimentos nutritivos como dátiles, té verde, bananas, huevos y palta, preparando el cuerpo para el día. El Ramadán fomenta la empatía y la disciplina, y se puede orar en cualquier lugar limpio cumpliendo las normas de vestimenta y higiene. Esta celebración une a la comunidad islámica local, destacando la diversidad cultural en un país donde las mezquitas como la de Palermo representan hitos modernos de integración.
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El Ramadán en Argentina: ayuno, oración y tradiciones en la mezquita más antigua de Buenos Aires
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