En medio de una ola de calor asfixiante que azota Buenos Aires, miles de familias buscan desesperadamente lugares para escapar del bochorno. Las piletas municipales están cerradas o saturadas, y las vacaciones en destinos como Mar del Plata resultan prohibitivas por los altos costos. Sin ventiladores ni aire acondicionado en muchos hogares, la situación se agrava, obligando a la gente a improvisar en espacios públicos precarios.
El río, que podría ser una alternativa natural, permanece abandonado y altamente contaminado. Un reciente informe del CONICET y la Universidad de La Plata revela que las aguas en zonas como Berisso contienen 3.500 veces más bacterias de lo tolerable, representando un peligro grave para la salud. A pesar de los carteles de advertencia ausentes y el conocimiento de las autoridades locales, la falta de control permite que multitudes se expongan a riesgos innecesarios.
Expertos coinciden en que esta crisis refleja el abandono de infraestructuras recreativas y ambientales en la región. Mientras las familias, olvidadas por igual que el río, insisten en disfrutar momentos juntos, urge una intervención municipal para revitalizar espacios seguros. Sin acciones concretas, el verano se convierte en una prueba de supervivencia para los más vulnerables.