En este tiempo actual, el abuso sexual infantil está en aumento, como se evidencia en informes periodísticos del 2024 que destacan el crecimiento de casos de violencia familiar en 2023, superando los 34.000 casos y afectando principalmente a mujeres y menores de edad. Las estadísticas revelan que los contenidos online de abuso sexual infantil se dispararon en 2023, con un incremento del 8% en imágenes de abusos a menores, convirtiéndolo en el peor año de la historia. En Argentina, las denuncias por abuso sexual contra infancias crecieron un 126% en cuatro años, y el maltrato infantil afecta a 6 de cada 10 niños.
La situación es crítica en los hogares: dos de cada tres niños, niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe sufren violencia en el hogar, mientras que en Argentina solo tres de cada diez hogares crían a sus hijos sin ningún tipo de violencia, según el portal del Hospital Garrahan. Se enfatiza la necesidad de ser conscientes del tiempo en que vivimos, recordando que el abuso sexual infantil ha existido históricamente, pero desde la década del 70 se han sistematizado estudios que identifican más de 250 consecuencias, incluyendo condiciones patológicas como la disautonomía relacionada con el nervio vago y traumas que crecen con la persona, similar a una herida en un árbol joven.
Las agresiones virtuales generan consecuencias reales, como el ciberacoso que implica hostigamiento e intimidación a través de mensajes e imágenes para dañar o humillar; el grooming, donde adultos ganan la confianza de menores para involucrarlos en actividades sexuales, afectando al 57% niñas y 42% varones, principalmente entre 11 y 15 años; el sexting con intercambio de material sexual que puede llevar a extorsiones, incluso con inteligencia artificial alterando imágenes; el happy slapping, grabación y difusión de agresiones; exposición involuntaria a material sexual o violento en juegos en línea; e incitación a conductas dañinas como autolesión o trastornos alimenticios.
Se insta a los padres a educar a preadolescentes y adolescentes sobre no compartir fotos con poca ropa ni intercambiar imágenes, fomentando la confianza para reportar cualquier incidencia sin infundir miedo, ya que estas agresiones virtuales a menudo comienzan en línea pero pueden derivar en encuentros presenciales con graves impactos en la vida de las víctimas.