La Armada de Estados Unidos hundió tres narcolanchas adicionales en el Mar Caribe, elevando a 42 el total de embarcaciones destruidas desde el inicio de la campaña contra el narcotráfico latinoamericano lanzada por Donald Trump. Venezuela, considerada un enemigo armado, sigue siendo el foco principal de estas operaciones.
A pesar de la detención de Nicolás Maduro en enero, las acciones no han cesado y se intensifican. No se han reportado nuevos ataques a buques fantasmas que transportaban petróleo venezolano en los últimos dos meses, pero Rusia continúa usando estos navíos para mercados asiáticos como India, a pesar de acuerdos con EE.UU. para cesar compras de crudo ruso.
Estas operaciones responden a la lógica de una guerra de nuevo tipo contra el crimen organizado, sin pausas. El control sobre buques clandestinos persiste, minimizando el tráfico ilícito y presionando regímenes involucrados, en un contexto donde el narcotráfico financia inestabilidades regionales.