Y Dios, como consecuencia de tanta hospitalidad, de tanto respeto, de tanta consideración, le dice, el año que viene voy a visitarte y por esta altura tu esposa será madre de un hijo. Es decir, que la bendición que habrá Abraham recibe. La única cosa que la vida le negaba, hermanos, Abraham tenía todo. Abraham era un hombre riquísimo, pero hay algo que le faltaba y que era un hijo, tenía casi 100 años.
Abraham recibe lo que la vida le negaba. ¿Cuándo? Cuando él supo ser un buen anfitrión de la presencia del Señor, hermano. No estoy queriendo decir que amemos a Dios por los intereses, por lo que él pueda darnos. Pero es así. Cuando usted hace y atrae a Dios, también vienen sus bendiciones. El que tiene a Dios también tiene su favor, hermanos.
Y entonces Abraham recibió como consecuencia de ser un buen anfitrión de la presencia del Señor. Abraham recibió la única cosa que la vida le impedía tener. Hermanos, hagamos de nuestros hogares, hagamos de nuestra vida, hagamos de nuestra iglesia, hagamos de nuestro ministerio. Un lugar donde la presencia del Señor pueda establecerse para siempre. Que sea lugar, la morada de la presencia del Señor. Señor, para siempre, hermanos. ¡Aleluya!
Y yo quisiera que esta primera palabra, que es el Salmo 37, usted la guarde en su corazón. Tu esperanza en el Señor y marcha con paso firme. Por tu camino, recibilo en el espíritu. Te honrará. Tremenda promesa.