La fábrica de neumáticos FATE, un ícono de la industria argentina con más de 80 años de historia, anunció el cierre de su planta en San Fernando, dejando a 920 trabajadores en la calle de manera sorpresiva. Los empleados, muchos de los cuales regresaban de vacaciones, se encontraron con las puertas cerradas y un cartel informando la decisión empresarial. Este cierre se produce en un contexto de 14 meses sin aumentos salariales y en vísperas de la discusión de la reforma laboral en el Congreso, lo que genera preocupación por el futuro del empleo en el sector industrial.
Los testimonios de los afectados revelan una profunda angustia y bronca. Un trabajador con 13 años en la empresa describió cómo su familia, compuesta por tres hijos y su esposa docente, enfrenta ahora la incertidumbre económica, con deudas acumuladas y sin perspectivas inmediatas de reempleo. Otro empleado, con cinco años de antigüedad, lamentó la falta de paritarias y el impacto en su núcleo familiar, incluyendo un hijo y el pago del alquiler. Muchos destacaron que, pese a la voluntad de trabajar, la competencia desleal de importaciones chinas y las políticas económicas actuales han precipitado esta crisis, afectando no solo a los directos empleados sino a proveedores y comunidades enteras.
En respuesta, los trabajadores iniciaron una toma pacífica de la planta, rompiendo alambrados para ingresar y defender sus puestos, con el apoyo de sindicatos y organizaciones sociales. La Unión Industrial Argentina (UIA) expresó su preocupación por el cierre, exigiendo financiamiento accesible y un marco laboral moderno, mientras que la CGT y otros gremios endurecen su postura ante el paro general inminente. El gobierno nacional intervino convocando a una mediación en la Secretaría de Trabajo, aunque limitándose inicialmente a temas salariales e indemnizaciones, sin comprometerse con la reapertura. Este episodio se ve como la punta del iceberg de un modelo económico que, según analistas, prioriza importaciones sobre la producción local, con más de 65.000 puestos industriales perdidos en los últimos dos años.
La situación en FATE subraya las contradicciones de la reforma laboral: mientras se promete generar empleo, eventos como este facilitan despidos masivos y precarizan condiciones. Gobernadores como Ricardo Quintela y Axel Kicillof cuestionaron el proyecto, argumentando que no promueve la formalización ni el desarrollo federal, sino que traslada riesgos a los trabajadores. La movilización social y sindical crece, con llamados a rechazar la ley para evitar un efecto dominó en otras empresas emblemáticas.