La Habana sufre una grave crisis energética que ha paralizado la recolección de basura, dejando calles llenas de residuos que generan olores putrefactos y riesgos sanitarios. Solo 44 de 106 camiones de basura operan por escasez de combustible, exacerbada por el fin de envíos de petróleo desde Venezuela y amenazas de sanciones estadounidenses a proveedores aliados. Residentes rebuscan en los desechos para reutilizar materiales, mientras el gobierno aplica racionamientos para priorizar servicios esenciales en medio de faltas de alimentos y medicamentos.
Ante la crisis de gasolina, que alcanza 5 dólares por litro en el mercado negro, proliferan triciclos y bicicletas eléctricas como alternativa de transporte. Ex botones y taxistas han adaptado estos vehículos para mover a la población, aunque apagones frecuentes impiden su carga y la demanda supera la oferta. El transporte público, ya deprimido, se reduce drásticamente, obligando a la gente a opciones improvisadas que no cubren las necesidades diarias.
El embargo estadounidense, endurecido bajo Trump desde los años 60, ha aislado a Cuba, con México limitándose a ayuda humanitaria para evitar aranceles. Mientras, el ministro cubano Bruno Rodríguez busca apoyo en Rusia, donde se reunió con Serguéi Lavrov y Vladimir Putin para pedir el fin del bloqueo y garantizar suministros de petróleo, reafirmando lazos históricos de la era soviética.
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Cuba enfrenta crisis energética severa con acumulación de basura y transporte alternativo
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