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Crisis en FATE: 920 trabajadores despedidos y protestas por el cierre de la fábrica icónica

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La fábrica FATE, con más de 80 años de historia en Argentina, anunció el cierre de su planta en San Fernando, dejando en la calle a 920 trabajadores. Los empleados, muchos con décadas de antigüedad en la empresa, se enteraron de la noticia de manera abrupta al llegar a sus puestos o durante sus vacaciones, encontrándose con un simple cartel en la puerta. Esta medida, impulsada por el grupo empresario Madanes Quintanilla –dueños también de Aluar y otras firmas millonarias–, se justifica en un comunicado oficial por el impacto de las importaciones masivas, que crecieron un 85% y representan el 85% del mercado de neumáticos en el país, junto con la pérdida de poder adquisitivo de las familias y conflictos sindicales prolongados.

Los trabajadores rechazan la narrativa de crisis económica de la empresa, argumentando que FATE reporta ganancias consistentes y produce alrededor de 6.000 cubiertas diarias, incluyendo para sectores esenciales como transporte público y agrícola. Han iniciado una ocupación pacífica de la planta, con algunos subidos a los techos en señal de protesta, y exigen la reincorporación inmediata. El Ministerio de Trabajo dictó una conciliación obligatoria por 15 días, obligando a retrotraer los despidos y reincorporar al personal durante ese período para negociar. Sin embargo, los gremialistas del SUTNA denuncian que la empresa violó acuerdos previos, como uno firmado hace ocho meses que garantizaba no despedir hasta julio a cambio de recortes salariales, y destacan que llevan 14 meses sin paritarias ni aumentos, mientras otras firmas del sector sí ajustan sueldos.

Expertos en derecho laboral señalan que los despidos son irregulares por no haber iniciado un procedimiento preventivo de crisis, y critican que esta situación se alinee con el debate de la reforma laboral en el Congreso, que podría facilitar cierres y recontrataciones en peores condiciones. Los afectados, muchos con familias a cargo y próximos a la jubilación, llaman a la provincialización de la fábrica bajo control obrero para mantener la producción nacional. Esta crisis pone en jaque la industria local frente a la competencia desleal de productos chinos hasta un 40% más baratos, afectando no solo empleos directos sino toda la cadena productiva argentina.