En el arranque de 2026, los primeros conflictos laborales marcan un año de alta conflictividad para el gobierno de Javier Milei. Tras un enero relativamente tranquilo, las tensiones sociales emergen como un anticipo de desafíos mayores, con el oficialismo y una oposición fragmentada ya enfocados en las elecciones de 2027.
Los datos de aprobación revelan una polarización marcada: el 50% aprueba la gestión de Milei, pero la desaprobación crece significativamente entre sectores de educación primaria y clases medias bajas, que han reducido su apoyo comparado con la coalición que llevó a Milei al poder en 2023. En las elecciones de 2025, el triunfo se basó en votos de clases medias y altas, similar al perfil del PRO, mientras que los votos populares migraron hacia el peronismo o la abstención.
El Estado juega un rol crucial en este escenario, impactando directamente en los sectores más afectados por el ajuste económico. El gobierno promueve una modernización justificada, pero enfrenta riesgos de perder coaliciones sociales clave, como advierten analistas que recuerdan lecciones de gestiones pasadas como la de Macri. En un contexto de recesión, inflación controlada pero ingresos estancados y precarización laboral en aumento, la negociación se vuelve esencial para evitar una mayor desestabilización.