El cierre de la planta de FATE genera preocupación por la pérdida de puestos de trabajo y la reconversión industrial, en un contexto donde las fábricas locales operan al 30% de capacidad debido a la competencia de importaciones. Aunque los precios han bajado hasta un 30%, las ventas caen un 40%, afectando a toda la cadena de proveedores.
Antes de la apertura, los altos costos y escasez obligaban a cobros exorbitantes, con cubiertas a precios prohibitivos. La llegada de neumáticos chinos forzó rebajas, pero también expuso vulnerabilidades como impuestos elevados a pymes, como ingresos brutos y municipales, que encarecen la operación local.
El gobierno argumenta que la medida beneficia a millones con accesos más baratos, reduciendo viajes a Chile para cambios. Sin embargo, expertos cuestionan la garantía en compras informales y llaman a equilibrar la apertura con apoyo a la industria nacional para mitigar el impacto social y económico.