La fábrica de neumáticos FATE, con 80 años de historia en el norte del Gran Buenos Aires, cerró sus puertas dejando en la calle a 920 trabajadores. Los empleados, muchos con décadas de antigüedad, se encontraron con un cartel impersonal anunciando el fin de operaciones, culpando a la apertura de importaciones que favorece cubiertas chinas hasta un 40% más baratas. La empresa promete pagar indemnizaciones bajo la ley actual, pero los afectados rechazan esta salida y exigen reincorporación, destacando la dificultad de reinsertarse en el mercado laboral a edades avanzadas.
Trabajadores como Javier, padre de tres hijos con un crédito hipotecario, y Marcelo Quirós, con 19 años en la firma, expresan el shock y la desesperación al llegar al trabajo y hallar portones cerrados con candados y presencia policial. Familias enteras, incluyendo esposas e hijos, se congregan en una permanencia pacífica frente a la planta, demandando diálogo con la patronal del grupo Madanes, dueños de un holding millonario que incluye Aluar y otras industrias. El impacto se extiende a proveedores locales y amenaza al sector automotriz, con Pirelli operando al 30% de capacidad.
El contexto económico agrava la crisis: sueldos congelados por un año, despidos previos y una política gubernamental que prioriza importaciones baratas. Mientras un Zoom con el Ministerio de Trabajo busca soluciones, los empleados sueñan con reabrir la planta, criticando la falta de compasión hacia los trabajadores que 'dejaron la vida' en la fábrica. Esta situación refleja un patrón de cierres industriales que afecta a miles, exigiendo intervención estatal para evitar más desempleo masivo.
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Cierre de FATE deja a 920 familias en la incertidumbre: testimonios de angustia y lucha por el empleo
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