Martín Menem, actual intendente de Gualeguaychú y percusionista del grupo Ráfaga, reveló cómo ocultaba su famoso apellido en sus primeros años en Buenos Aires para forjar amistades genuinas. Antes de ingresar a la política, se presentaba como Martín Valente, usando el nombre de su madre, para evitar prejuicios asociados al linaje de su tío Carlos Menem y su padre Eduardo, figuras controvertidas en la época.
Durante clases de teatro, un compañero lo invitó a su casa, donde descubrió cuadros y fotos de los Menem, lo que llevó a la confesión. Menem explicó que quería relaciones sinceras, no basadas en su herencia política, y que el apellido le generaba vergüenza en un contexto donde su familia no era bien vista. Esta anécdota ilustra los desafíos de crecer bajo el peso de un legado público, priorizando conexiones auténticas sobre el estatus familiar.
Hoy, como político peronista, Menem abraza su identidad y ha logrado popularidad gracias a su trayectoria artística, que lo llevó a giras mundiales con Ráfaga. La historia resalta cómo figuras públicas navegan entre privacidad y exposición, especialmente en entornos como el teatro donde la sinceridad es clave. Su ascenso demuestra que, pese a los obstáculos iniciales, el apellido Menem ahora impulsa su carrera sin complejos.
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Martín Menem y el secreto de su apellido en los inicios
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