La Confederación General del Trabajo (CGT) anunció un paro general para el jueves sin movilización masiva, optando por una conferencia de prensa virtual, lo que genera divisiones internas en el sindicalismo argentino. Gremios como ATE, CTA y Aceiteros critican esta tibieza, argumentando que el diálogo con el gobierno ha fallado y que solo la presencia en las calles puede frenar reformas laborales perjudiciales para los trabajadores.
Daniel Zapata, de Aceiteros, enfatizó que su gremio ha convocado huelgas continuas desde diciembre, logrando aumentos salariales superiores al promedio –como 2.344.000 pesos para peones iniciales– mediante presión sostenida. Acusó a la CGT de adaptarse a pautas gubernamentales que bajan salarios reales, y llamó a una oposición sindical genuina ante la ausencia de una política opositora clara, destacando la falta de democracia interna en la central obrera.
Esta fractura refleja un sindicalismo dividido: mientras algunos priorizan el diálogo, otros forjan frentes unitarios con movilizaciones en Córdoba, Rosario y Buenos Aires. La ausencia de la CGT en la calle podría deslegitimar el reclamo, pero gremios combativos insisten en que la unidad se construye con acción, no con resoluciones virtuales, para defender derechos en un contexto de creciente desocupación y pobreza laboral.