En un hecho que refleja la creciente inseguridad en el conurbano bonaerense, dos delincuentes ingresaron a una pizzería en Loma Hermosa, General San Martín, y robaron la recaudación diaria junto con celulares de las empleadas, todo captado por las cámaras de seguridad. El robo ocurrió un domingo alrededor de las 20 horas en un local ubicado sobre la avenida Eva Perón, una zona de alto tránsito con comercios cercanos y presencia de vecinos. Las imágenes muestran a los ladrones actuando con total tranquilidad, a cara descubierta, arrinconando a las dos jóvenes que atendían el lugar y exigiendo el dinero sin usar violencia extrema, aunque uno portaba un objeto punzante.
Lo más impactante del caso es la actitud desafiante de los asaltantes: después de vaciar la caja registradora, que contenía apenas unos 10.000 pesos en cambio ya que el local acababa de abrir, se llevaron dos porciones de pizza y las comieron en el lugar antes de salir caminando con normalidad. Las empleadas, en estado de shock, activaron la alarma de seguridad privada, pero la policía tardó más de una hora en llegar. Una vecina alertó al comercio contiguo, y un guardia de seguridad particular inició una persecución, aunque los ladrones lograron escapar. Las víctimas describieron cómo los delincuentes merodearon previamente haciéndose pasar por clientes para evaluar el momento.
Este episodio genera indignación entre los comerciantes de la zona, quienes denuncian la normalización de los robos y la falta de presencia policial efectiva. Las imágenes, que circulan ampliamente, muestran a los ladrones sentándose en la vereda cercana para terminar de comer la pizza robada, como un gesto de jactancia. A pesar de que uno de ellos era conocido en el barrio por robos previos, alertado en grupos de WhatsApp de comerciantes, hasta el momento no hay detenidos. Autoridades locales insisten en la necesidad de mayor patrullaje, pero el caso subraya la vulnerabilidad de los pequeños negocios ante la impunidad reinante.
Las empleadas, que trabajan en un local familiar, expresaron temor por su seguridad futura, especialmente al ser testigos clave con rostros claros de los delincuentes expuestos. Este robo no solo destruye el esfuerzo diario de quienes dependen de estos comercios, sino que erosiona la confianza en el sistema de justicia, donde delitos menores como este suelen resolverse con liberaciones rápidas.