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El fin de la carne barata: precios disparados y consumo en mínimos históricos

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Los precios de la carne vacuna en Argentina registraron un aumento del 4,9% en enero, pero la semana pasada escalaron un 5% adicional en el mercado mayorista de Cañuelas, superando ampliamente la inflación general. En los últimos seis meses, el incremento acumulado fue del 50%, y el interanual del 71,6%, impulsado por una caída en la oferta del 10% entre noviembre y enero. Históricamente, el stock ganadero se mantiene estancado desde 1978, pese al duplicamiento de la población, agravado por la desregulación de exportaciones y nuevos mercados como el acuerdo con Estados Unidos.

El consumo interno alcanzó el piso de los últimos 20 años, con una caída interanual del 0,5% en enero, y una tendencia descendente desde 2023 que acumula un 10% menos. Analistas atribuyen esto a ingresos estancados y precios que suben por encima de la inflación, pronosticando un futuro donde la carne premium se destina a exportaciones, dejando al mercado local con opciones más caras o sustitutos como pollo y cerdo. La apertura comercial genera competencia desigual con consumidores de mayor poder adquisitivo en el exterior, como en EE.UU., donde un trabajador gana el triple o cuádruple.

En el sector agropecuario, voces como la de un experto en un podcast defienden los aumentos, argumentando que la carne siempre ha sido cara globalmente y que el consumo masivo argentino era insostenible por políticas pasadas. Sin embargo, críticos ven falta de empatía, recordando frases como 'andá a comer pollo' de figuras rurales, y exigen políticas para incrementar la producción y proteger el consumo local, similar a planes exitosos en Uruguay. Sin intervención estatal, el plato argentino podría alejarse de este alimento cultural icónico.