Perú enfrenta una nueva etapa de inestabilidad política tras la vacancia del presidente José Iñíguez, quien asumió recientemente como reemplazo de Dina Boluarte. Iñíguez, ex presidente del Congreso, fue destituido en medio de acusaciones de contactos con privados, incluyendo un empresario chino, lo que precipitó su salida sorpresiva. Boluarte, cuya gestión ha sido marcada por protestas y escándalos, regresa al poder en un contexto de fragmentación partidaria que ha visto nueve presidentes en una década desde 2016.
El país se prepara para elecciones en abril, pero la transición genera incertidumbre sobre la conformación del gobierno provisional. Iñíguez estaba programado para asistir a la cumbre de presidentes latinoamericanos en Miami con líderes como Milei y Trump, posicionando a Perú en un bloque de aliados regionales. Sin embargo, la crisis interna, con enfrentamientos entre Congreso y Ejecutivo, evoca tragedias pasadas como el suicidio de Alan García y encarcelamientos de ex mandatarios, alertando a naciones vecinas como Argentina sobre los riesgos de polarización extrema.
Esta situación ejemplifica la volatilidad peruana, donde la influencia externa, como la de Estados Unidos, complica el panorama. La oposición denuncia corrupción y autoritarismo, mientras el oficialismo busca estabilizar el mandato hasta las urnas. Perú sirve como espejo para América Latina, destacando la urgencia de reformas institucionales para evitar ciclos de crisis que erosionan la democracia.
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Crisis en Perú: Dina Boluarte asume tras vacancia de José Iñíguez
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