La Confederación General del Trabajo (CGT) intensifica su oposición a la reforma laboral con llamados a un paro general por tiempo indeterminado, inspirado en protestas bolivianas que paralizaron el país por cinco días. Líderes como Omar Maturano proponen extender la medida más allá del jueves, afectando transporte, bancos y recolección de basura.
El paro busca presionar al Congreso para frenar la ley, que cuenta con amplio apoyo según encuestas (65% a favor). Sin embargo, críticos señalan que perjudica a trabajadores informales y pymes, en un momento de ajuste económico frágil. Maturano minimiza impactos en la economía, priorizando reclamos sindicales.
Internas en la CGT dividen a 'gordos' que prefieren paro sin movilización de líderes combativos como Daniel Catalano, quien insiste en manifestaciones para visibilizar la pérdida de derechos. El gobierno descontará días a estatales adherentes, exacerbando tensiones.
Históricamente, la CGT realiza más paros contra gobiernos no peronistas (7,25 por gestión) que peronistas (2,29), revelando sesgos políticos en lugar de defensa genuina de trabajadores, según datos de la Universidad Austral.