Patricia Bullrich cuestionó el rol de las cámaras empresariales en la reforma laboral, acusándolas de resistir cambios profundos que rompen con el status quo. Reveló que intentó incluir un artículo para que las empresas voten directamente a sus representantes paritarios, pero no fue aceptado. Argumentó que muchas cámaras no representan fielmente a PyMEs y comercios, recibiendo quejas de sectores que sienten desconexión con sus supuestos defensores.
Según Bullrich, el empresariado muestra conservadurismo ante transformaciones necesarias, temiendo alteraciones en estructuras tradicionales. Ejemplos de mails de cámaras locales ilustran el descontento de base, donde se percibe que estas entidades priorizan intereses propios sobre los de los representados. Esta crítica apunta a una modernización que democratice la representación sectorial.
El enojo gubernamental surge de la falta de apoyo visible a medidas como la reducción del 85% en aportes patronales. Bullrich ve en esto una oportunidad perdida para alinear intereses y fomentar competitividad, instando a superar miedos para introducir modificaciones pendientes en futuras etapas.