La construcción no autorizada de muelles y terraplenes en el lado boliviano del río Bermejo genera preocupación por su impacto en el curso del agua y el equilibrio binacional. Estas estructuras, erigidas sin permisos conjuntos, facilitan el contrabando de mercaderías, estupefacientes y vehículos, alterando el flujo natural del río y potencialmente causando inundaciones en territorio argentino. Autoridades locales en Salta alertan sobre la ocupación de espacios territoriales y la contaminación derivada de desagües cloacales bolivianos que afectan comunidades aborígenes.
El contrabando opera a cielo abierto con lanchas precarias y gomones que cruzan diariamente, transportando desde cigarrillos hasta camionetas de último modelo. Imágenes de cámaras de seguridad muestran cómo vehículos son arrastrados por el río Paraná en zonas similares, evidenciando la vulnerabilidad de las fronteras. En el Bermejo, las escolleras improvisadas permiten el amarre de chalanas, pero violan convenios internacionales que exigen aprobación mutua para cualquier intervención en el cauce.
Expertos advierten que una crecida del río podría desplazar estas construcciones, exacerbando conflictos diplomáticos. Mientras tanto, planes de control como el Plan Roca intentan reforzar la vigilancia, pero la falta de personal y recursos limita su efectividad. La comunidad transfronteriza, marcada por lazos familiares y comerciales informales, complica la aplicación de medidas estrictas, aunque la seguridad nacional demanda una respuesta urgente.
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Tensión en la frontera: Muelles ilegales amenazan el río Bermejo entre Argentina y Bolivia
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