A dos años de la muerte de Alexei Navalny en una prisión ártica rusa, una investigación liderada por su viuda Yulia Navalnaya y laboratorios de cinco países europeos ha confirmado que el principal opositor de Vladimir Putin fue envenenado con epibatidina, una neurotoxina extraída de ranas, una de las sustancias más letales conocidas. Navalny, quien ya había sobrevivido a un intento similar en Alemania en 2020, falleció el 16 de febrero de 2024, oficialmente por problemas de salud, pero ahora se atribuye directamente al régimen de Moscú. La viuda declaró que era evidente desde el principio y que Putin usó un arma química para silenciarlo.
Los análisis, realizados en Reino Unido, Alemania, Suecia, Francia y Países Bajos, detectaron la toxina inyectada, reviviendo acusaciones de envenenamientos sistemáticos contra disidentes rusos. Yulia Navalnaya enfatizó que científicos independientes concluyeron el asesinato, mientras el Kremlin niega toda responsabilidad, calificando las pruebas como infundadas y un intento de desprestigio. Esta metodología, usada contra exaliados y críticos, forma parte del patrón represivo del gobierno de Putin, según expertos.
La alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, condenó el acto como parte del ADN ruso de eliminar opositores, no solo bombardeando Ucrania sino silenciando voces internas. Ursula von der Leyen también repudió el crimen, en un contexto de tensiones crecientes con Rusia ante las negociaciones en Ginebra. El caso Navalny reaviva debates sobre derechos humanos y la necesidad de mayor presión internacional contra el autoritarismo en Moscú.