Durante su visita al Festival de la Chaya en La Rioja, la vicepresidenta Victoria Villarruel enfrentó una protesta de un artista local que la acusó de negacionismo en un contexto de memoria histórica. El cantante Ramiro González dedicó una canción a los desaparecidos, incluyendo al obispo Enrique Angelelli, y criticó la presencia de Villarruel en una provincia marcada por la dictadura militar y con 50 desaparecidos. La vicepresidenta se escudó en su rol institucional para justificar la gira, enfatizando que su función es visitar todas las provincias sin distinción política.
Villarruel respondió a las críticas a través de comentarios en Instagram, rechazando la idea de que no deba visitar provincias gobernadas por opositores y acusando a los intransigentes de limitar su labor. Ante un usuario que la tildó de traidora al presidente, preguntó directamente cuál fue la traición, evidenciando tensiones con sectores libertarios del gobierno. Esta interacción resalta una estrategia de comunicación directa en redes, pero también expone fricciones internas, como su cercanía simbólica a figuras controvertidas durante viajes anteriores.
El episodio ocurre en un vacío opositor y avances del gobierno, donde surgen peleas internas como foco noticioso. La foto de Villarruel con el gobernador Ricardo Quintela generó ruido, pero ella insiste en su compromiso con todos los argentinos. Analistas ven en esto un posicionamiento para futuros escenarios políticos, como elecciones en 2027, en medio de un ambiente favorable al oficialismo pero con brechas emergentes.