Después de la menopausia, las mujeres pierden la protección hormonal de los estrógenos, igualando su riesgo cardiovascular al de los hombres. Síntomas de infarto en mujeres pueden ser atípicos, como dolor epigástrico, palpitaciones o fatiga, en lugar del clásico opresivo en el pecho. Reconocer estos signos y actuar rápidamente es crucial, ya que el 80% de las enfermedades cardíacas son prevenibles con chequeos regulares y hábitos saludables.
Los cambios post-60 incluyen rigidez arterial, arritmias y remodelado cardíaco, que aumentan el riesgo de insuficiencia. Para contrarrestarlos, se recomienda actividad física adaptada, dieta cardioprotectora, manejo del estrés y sueño adecuado. Nutrientes como la vitamina K2 (en formas como CADOS K2) son esenciales: dirigen el calcio al hueso en lugar de las arterias, reduciendo la calcificación y la inflamación que forman placas ateroscleróticas.
Estudios clínicos respaldan dosis de 45-95 microgramos de K2 para prevenir infartos y calambres, combinada con vitamina D3 en productos como K2 Duo. Fuentes alimentarias como quesos fermentados aportan K2, pero suplementos son más eficientes sin exceso calórico. Esta estrategia integral fortalece huesos contra osteoporosis y protege el corazón, promoviendo una vejez activa y saludable.