Nahuel comparte una experiencia dolorosa que marcó su vida: durante una visita a una feria en Rafael Castillo, se sintió incapaz de transitar por los pasillos angostos debido a su peso, lo que lo llevó a un bloqueo emocional profundo. Un comentario hiriente de una señora, quien le preguntó por qué no se corría, actuó como un detonante, haciendo que se sintiera inservible y excluyendo de actividades cotidianas que disfrutaba con su familia.
Esta situación no fue aislada; Nahuel evitó teatros tras no caber en una butaca en Mar del Plata, sentándose de lado o en el pasillo, lo que intensificó su sensación de no pertenecer. Extendió esta evitación a otros lugares concurridos, quedándose siempre esperando en el auto o en la entrada mientras su esposa y sobrinas disfrutaban, perdiendo así valiosos momentos familiares sin darse cuenta hasta que fue demasiado tarde.
Con el tiempo, Nahuel reflexiona que el entorno social impone barreras que fomentan un círculo vicioso de baja autoestima, donde las personas con obesidad internalizan la idea de no servir. Hoy, motivado por su progreso, insta a recuperar espacios públicos con asertividad, defendiendo el derecho a usarlos sin confrontaciones, transformando el dolor en un llamado a la inclusión y al cambio personal.