Durante el recital de Bad Bunny en Argentina, un grupo de militantes kirchneristas transformó el evento en un acto político al modificar la letra de la canción 'El que no salta es un inglés' por 'El que no salta votó a Milei'. Esta interrupción ideológica sorprendió al público, que inicialmente participó en el coro original antes de que la versión alterada detuviera el entusiasmo.
El incidente no es aislado; se repite en shows de artistas como Los Piojos, Callejeros y Pato Fontanet, donde se politizan canciones con connotaciones históricas o sociales para atacar al gobierno actual. Críticos argumentan que esta micromilitancia corrompe el arte, convirtiendo espacios de disfrute en tribunas partidarias y alienando a fans no alineados políticamente.
Figuras como Pato Fontanet, vinculado a la tragedia de Cromañón, son instrumentalizadas pese a su controvertido pasado. Esta táctica revela una estrategia de oposición reducida a viralizar momentos en recitales, en lugar de propuestas concretas, lo que genera debate sobre la separación entre cultura y política en eventos masivos.